Por: Brenda Torres Barreto
Directora Ejecutiva del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan

La capacidad para el manejo del recurso agua en Puerto Rico fue puesta en jaque luego del paso de los huracanes Irma y María. La naturaleza de estos dos fenómenos atmosféricos, junto con el desarrollo urbano en áreas vulnerables y la infraestructura obsoleta del país se unieron para hacer de este reto uno imposible.

A días luego del huracán María, este asunto cobro aún más relevancia al momento de anunciar la incidencia de enfermedades mortales, como la leptospirosis, a causa del contacto humano con aguas contaminadas. La mera incertidumbre nos hizo cuestionar protocolos de manejo de emergencia, manejo de salud pública, manejo de agua potable y el manejo de aguas sanitarias en Puerto Rico.

A través de los esfuerzos de alivio por parte de entidades privadas, comunitarias y gubernamentales hemos visto como el reto relacionado al manejo de aguas aún continua. A pesar de que han pasado 6 meses luego del paso del huracán María, existen áreas desprovistas de agua limpia, específicamente en áreas remotas y devastadas por el huracán.

El no contar con agua segura – agua que sea apta para tomarse y para el aseo por no contar con bacterias peligrosas, metales tóxicos o productos químicos- representa un obstáculo mayor para la recuperación y desarrollo sostenible de nuestro País. Representa, además, una violación de nuestro derecho universal de contar con este preciado recurso, según la Declaracion Unviersal de Derechos Humanos.

Durante el proceso de recuperación en el cual nos encontramos, debemos tomar en cuenta que Puerto Rico contribuye actualmente a la lamentable estadística de 663 millones de personas que viven sin suministro de agua potable. Sin embargo, podemos lograr vencer esta realidad a través de la aplicación de medidas modernas e innovadoras en el manejo del recurso agua, y de la adopción de una política pública cónsona con la meta de eliminar el riesgo de la escasez del agua segura.

Entre las medidas innovadoras se encuentra el desarrollo de infraestructura verde. Debemos evaluar opciones que utilicen la naturaleza como solución a la reconstrucción del país para así apoyar la infraestructura gris, disminuir costos en proyectos de pequeña escala y apoyar ecosistemas ya degradadas o de alto valor ecológico. El beneficio derivado de la práctica de manejo de aguas a través de la naturaleza es exponencial; ya que durante el proceso de asegurar el uso eficiente del recurso agua, su calidad mejora, los riesgos relacionados a inundaciones y sequías disminuyen, y la resiliencia de las regiones aumenta.

Las estrategias de infraestructura verde son reconocidas por expertos en el sector. Sin embargo, aún domina la infraestructura gris en las soluciones por falta de política publica, y por un código de construcción obsoleto.

En el día de hoy, la comunidad puertorriqueña debe unirse al llamado que hace las Naciones Unidas en el Día Mundial del Agua en auscultar medidas para superar el reto del manejo del agua a través de la naturaleza. Incorporar de inmediato estrategias de infraestructura verde en el manejo del agua podría ser, sin lugar a dudas, la manera más responsable de mover el proceso de reconstrucción de Puerto Rico hacia delante.

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